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Vacaciones:
punto y seguido
Dando fe
quedan las diapositivas, las fotos y los videos listos para mostrárselos
a los sufridos que los aguanten: aquí en la Piazza San Marco; aquí
paseando por El Malecón; aquí con los niños en Disneylandia;
aquí la suegra y la señora en Cambrils; aquí con
unos caballos en el Pedraforca; el de la camisa a cuadros y gorro de paja,
soy yo, etc. Y es que, la industria del ocio se las ingenia para proporcionar
ofertas para todos los gustos y todos los bolsillos. Cada año
ponemos en marcha similares rutinas para unas vacaciones que, teóricamente,
sirven para huir de lo cotidiano, para desconectar y gozar de lo que durante
el tiempo de trabajo no se ha podido hacer. Pero conseguirlo no es fácil,
sea porque nos cuesta o sea porque no sabemos salir de la dinámica
que aplicamos habitualmente tanto al trabajo como a la diversión. Así
que, independientemente de nuestros deseos, no siempre logramos el descanso
soñado que restituya unas fuerzas físicas y psíquicas
extenuadas, debido, en gran parte, a unas relaciones y condiciones de
trabajo que, cuanto más neoliberales son, menos satisfactorias
resultan (de ahí que no debe sorprender la desidia, el absentismo,
el estrés, la fatiga crónica o la depresión, ni sea
de recibo intentar explicar ese estado de ánimo con la estupidez
del "trauma post-vacacional"). Otros no
descansaron: el exterminio palestino y las bombas sionistas, así
como la patética actitud de elites políticas de la comunidad
internacional (¿cuándo llegará el Nuremberg para
el Gobierno israelí y sus aliados?); las muertes en el mar de los
emigrantes que vienen en busca de trabajo, y la de los trabajadores que
lo tienen, en accidente laborables (a todas luces evitables); la ley de
"punto y final" que pretende un entierro vergonzoso de nuestra
memoria histórica; los incendios provocados, que desenmascaran
la ineficacia o inexistencia de políticas preventivas; el PSOE
sacando de la cárcel a Vera (un condenado de la "guerra sucia"
por secuestros, torturas y asesinatos ¿se habrá arrepentido
y pedido perdón?); el Banco Europeo subiéndonos el precios
del dinero, para que Bancos y Cajas sigan aumentando beneficios (39,4%
en el primer semestre) en detrimento de las económicas domésticas
(¿de eso trata el velar por el interés general?); los barones
socialistas que controlan del aparato del partido proponiendo a un candidato
como Montilla, de inequívoca vocación centralista, para
la Generalitat; los astrónomos, que deciden ahora eliminar a Plutón
como planeta; la sociedad vasca reclamando su papel en el proceso de paz
y que el Gobierno español salga de su inmovilismo; los luctuosos
accidentes en los transportes públicos, ¡pero ojo!, no por
falta de inversiones en infraestructura (lo que podría provocar
dimisiones), sino por culpa del conductor. Y tampoco
faltaron los miedos inducidos: a los emigrantes que nos vienen a quitar
"no se sabe qué" (unos dicen que nuestras "esencias",
otros que nuestras carteras); a la gripe aviar que nos ataca, ("el
virus puede mutar" dicen), ni Dios sabe lo que eso significa, pero
asusta; al carné por puntos, mientras siguen vendiendo coches que
corren a más de doscientos; a las grasas saturadas ("la obesidad
infantil es el gran mal de nuestra sociedad", una campaña
que, ironías del destino, promueve McDonalds); al "botellón",
por sus presuntas implicaciones, pero el cubata a cinco euros; al tabaco,
que ahora prohibido hasta en la playa, pero siguen las subvenciones y
patrocinios (por cierto, si el coche, como el tabaco, también puede
matar, ¿por qué no alertar del peligro?); por la política
de tensión mantenida por tramas más que dudosas como la
del aeropuerto de Heathrow en Londres. Con las pilas
cargadas o no, volvemos a la otra rutina: a la del trabajo; a la precariedad;
a los gastos escolares; a las horas extras gratis; a la de ir tirando
sin saber muy bien hacia dónde; a las hipotecas más caras;
al individualismo que nos aboca al aislamiento sin perspectiva; al sexo
con soda; a los préstamos rápidos para endeudarnos hasta
las cejas; a la competitividad insana que nos hace insolidarios; a los
equilibrios para llegar a fin de mes; al fútbol; al paro; a las
deficiencias de un Sabadell gobernado por la mediocridad de lo superfluo
y que utiliza el clientelismo político para tapar sus carencias;
a los anuncios de fascículos vendiéndonos ilusiones que
acaban en frustraciones, etc. Con dos elecciones
en puertas (autonómicas y municipales) el curso político
en el que se circunscribe el cincuenta aniversario de la muerte de Bertolt
Brecht, sirve de aliciente para seguir apostando por la capacidad crítica
del ser humano ("el hombre,
..puede pensar") como alternativa
al vivir en Babia para que otros vivan en Jauja. Sabadell,
6 de setembre de 2006 |
| Tancar Finestra |